Este es un diciembre como ningun otro porque no estoy sola, porque hace sol y porque ando y ando, ando y giro al ritmo de mis pasos por la ciudad, me enrollo, me embrollo y vuelvo inevitablemente a casa, en ocasiones sin recordar cómo.
Hoy te extraño como un drogo a la cocaína. Así son los placeres desconocidos, cadenciosos e inasibles, y ese es el límite de mi esperanza. Y de pronto la palabra dopamine hace eco en mi cerebro. Sonrío. Te recuerdo. El día me parece sosegado y hasta contento cuando miro otra vez el mar, cuando levanto la mirada después de ver mis pies, mis sandalias viejas y miro la playa donde se asolea un perro y el mar donde se baña un gordo pomposo y velando todo eso, identifico entre mi balcón y ellos una glorieta anacrónica y huachafa sentada sobre el malecón roído.
Visito hoy la casa de unos primos después de muchos años. Me he puesto un chaleco demasiado pequeño, un pantalón demasiado estrecho. NO puedo disimularlo, he engordado, pero mi ego es tan grande que he ingresado orgullosa por su puerta (que es la misma de siempre, literalmente la misma puerta para entrar al mismo lugar). La casa es de madera y antigua y muy alta y está muy cerca del mar. Huele a musgo y está iluminada con tristeza. Después del postre me he escabullido al segundo piso. Camino entre los cuartos, conectados como si fueran un queso por aberturas que parecen poros o burbujas y que guardan dentro de ellas hálitos de niñez ajena.
Mi tío fue contador hasta que se retiró y pasó a ser una estatua. Mantiene su escritorio. Entro en él y están arrumados los papeles viejos, al lado su máquina de escribir, un manual didáctico sobre el sistema nacional de pensiones y una calculadora que es más ábaco que calculadora. Me he sentado y he recogido uno de sus lápices y lo he tajado completamente, hasta quedar solo con el metal en la mano. Giro la manivela del tajador atornillado a la mesa y el giro y la madera hecha viruta me complacen. Después reviso sus cajones. Entre sus papales hallo lo más insólito: un Nintendo DS color Barbie. Lo enciendo, el juego puesto es Castlevania. Juego por una hora y por esa hora lo olvido todo.
De pronto me llama mi tía desde el primer piso. Reacciono, guardo el aparato, ordeno todo.
Mientras bajo las escaleras, el llamado de mi tia toma forma de despertador. De pronto las gradas se tornan en sabanas, y su voz en una alarma frustrada que me arrulla en vez de despertarme. Y pienso que en un momento que no supe reconocer, muchos años atrás, dejé de jugar con juegos para empezar a jugar con mi vida.
lunes, 22 de diciembre de 2008
jueves, 18 de diciembre de 2008
negro night
Se sienta en frente mío y es extraña, pero deliciosa. Sus manos no son perfectas, pero su mirada sí. Desde unos hombros precisamente deportistas, como un arco terso y fino y severo, cubierto de esta piel asoleada, hasta su poto tímido pero valiente, toda su espalda yo quiero. Y su pelo marron de raíces castañas ondulándose sobre sus orejas y su silueta dúctil y un perfume cuando pasa junto a mí en la penumbra de ese bar y el perfil de su nariz y sus labios amplios y ese giro para voltearse a preguntarme algo, con su acento medio idiota, me enamoran. Y no puedo pensar otra cosa, que la técnica más sutil para engañarla.
Hoy en la noche solo pensaré en como seducirte.
Hoy en la noche solo pensaré en como seducirte.
culposo placer
Es el camino de la imprenta al grifo y del grifo a la imprenta.
1. Ida, dos borrachos, el primero se coge a una palmera:
Oe hueón, le han dado un premio esta huada.
¿Qué?
¿No has visto Discovery Health hueón?
¿Cuál?
Puta hueón, la mejor planta.
¿Por qué?
Es que está llena de agua.
¿Y?
Puta es ques un culo.
2. Vuelta, yo, conmigo misma:
He comprado una dasani citrus.
¿Por qué?
Porque se me ocurrió que es como si llenaras una botella de sprite con agua mineral.
Manya.
Sí.
¿Y?
No sé, suena bien.
1. Ida, dos borrachos, el primero se coge a una palmera:
Oe hueón, le han dado un premio esta huada.
¿Qué?
¿No has visto Discovery Health hueón?
¿Cuál?
Puta hueón, la mejor planta.
¿Por qué?
Es que está llena de agua.
¿Y?
Puta es ques un culo.
2. Vuelta, yo, conmigo misma:
He comprado una dasani citrus.
¿Por qué?
Porque se me ocurrió que es como si llenaras una botella de sprite con agua mineral.
Manya.
Sí.
¿Y?
No sé, suena bien.
holgura
Una mujer para besarla por la mañana, haga calor o tiniebla. Un hijo, para enseñarle la diferencia entre un sublime de chocolate negro y uno blanco. La libertad para mover mis manos por el aire. Hablar. Después hablar un poco más. Escribir toda una tarde dentro de una camiseta blanca. Camiseta de algodón. Una cerveza. La sinvergüenza que a los 23 todavía no tengo para comprarle condones a la chica del grifo. Un hombre, que me abrace. Protector. Un par de zapatillas blancas. Un ministerio, un programa de televisión, una piscina.
miércoles, 17 de diciembre de 2008
galio
Quiero tener algo tuyo si algún día te vas.
Déjame tomarte una foto con las nubes detrás.
Por poco y nos matamos. En ese instante fatal subíamos por la Javier Prado hacia La Molina y yo estaba hablando y los dos mirábamos el asfalto pasar como si fuera el mar bajo una lancha (un mar negro lleno de algas negras) y desde todo el cielo no lloviznaba. Y quizás debió estar lloviznando, habría sido todo más sencillo
Bajo de mí Satanás estaba esbelto, ágil y presto, y yo no estaba borracha. Borracha de qué había pensado al encender el carro. El asunto fue que dábamos la curva más cerrada y Satanás, lerdo y rojo, se pegó demasiado contra la berma del centro, la raspó, saltó y por poco no trepa en ella. Íbamos a 100 Km. por hora.
Qué pasó me dijiste . Y yo: nada, no pasó nada. Esto ya me pasó dos..., tres veces antes.
Necia, resoplaste.
"galio my boy, what have you done, you silly boy"
Ojalá no te hubiera pasado solo nunca, pues ahora te extraño viejo. Ya nisiquiera me puedo quejar de tu mal aliento.
Déjame tomarte una foto con las nubes detrás.
Por poco y nos matamos. En ese instante fatal subíamos por la Javier Prado hacia La Molina y yo estaba hablando y los dos mirábamos el asfalto pasar como si fuera el mar bajo una lancha (un mar negro lleno de algas negras) y desde todo el cielo no lloviznaba. Y quizás debió estar lloviznando, habría sido todo más sencillo
Bajo de mí Satanás estaba esbelto, ágil y presto, y yo no estaba borracha. Borracha de qué había pensado al encender el carro. El asunto fue que dábamos la curva más cerrada y Satanás, lerdo y rojo, se pegó demasiado contra la berma del centro, la raspó, saltó y por poco no trepa en ella. Íbamos a 100 Km. por hora.
Qué pasó me dijiste . Y yo: nada, no pasó nada. Esto ya me pasó dos..., tres veces antes.
Necia, resoplaste.
"galio my boy, what have you done, you silly boy"
Ojalá no te hubiera pasado solo nunca, pues ahora te extraño viejo. Ya nisiquiera me puedo quejar de tu mal aliento.
monalisa
Ya no pienso con estructura, me parece.
Ya no pienso con calibres, me parece.
Me es difícil.
Ha empezado a llover y yo he empezado a sentir que todo debió ser diferente; mientras tanto la lluvia es un alivio.
Tengo el pelo más largo y, desde hace seis meses, todo se viene desordenando fuera de mi control. Rumas de libros, papelitos, dibujitos y películas en todas las superficies de mi cuarto no exceden las rumas de ansiedades e ideas enrolladas en mis labios, en mi paladar y en mis ojos.
Veo turbado, beso turbado.
Este es un tiempo que se podrá repetir o no, pero que no puede salvo parecerme absolutamente singular.
Tu me llamas, y deja de llover. Me sonries con esos ojos coquetos y siento que el sol quiere salir, tan Amarillo como tu, como tu sonrisa. Si, tu sonrisa de monalisa.
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Ya no pienso con calibres, me parece.
Me es difícil.
Ha empezado a llover y yo he empezado a sentir que todo debió ser diferente; mientras tanto la lluvia es un alivio.
Tengo el pelo más largo y, desde hace seis meses, todo se viene desordenando fuera de mi control. Rumas de libros, papelitos, dibujitos y películas en todas las superficies de mi cuarto no exceden las rumas de ansiedades e ideas enrolladas en mis labios, en mi paladar y en mis ojos.
Veo turbado, beso turbado.
Este es un tiempo que se podrá repetir o no, pero que no puede salvo parecerme absolutamente singular.
Tu me llamas, y deja de llover. Me sonries con esos ojos coquetos y siento que el sol quiere salir, tan Amarillo como tu, como tu sonrisa. Si, tu sonrisa de monalisa.
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a ti te quiero
De mi madre aprendí a querer bruscamente, como a una maleta llena de regalos, en contra de la opinión de mi padre (más solemne) para quien alguien debe ser querido como a un museo genial.
A ti te quiero como la maleta mas grande de los regalos más bellos, que solo guardaría en el más genial de los museos.
A ti te quiero como la maleta mas grande de los regalos más bellos, que solo guardaría en el más genial de los museos.
V I S I O N C O M P A R T I D A
Es pajísisma sentir que piensas lo mismo con alguien.
Sentirse comprendido.
Percibir por un momento, aunque sea por uno sólo, que la realidad que entra por tus ojos es compartida.
Cuánto daría porque esos momentos sean más seguidos. Por sentirme contenida por una visión, descansar en la mitad de la mente de alguien, tan sólo mirar y no tener la necesidad de mayores explicaciones.
Sentirse comprendido.
Percibir por un momento, aunque sea por uno sólo, que la realidad que entra por tus ojos es compartida.
Cuánto daría porque esos momentos sean más seguidos. Por sentirme contenida por una visión, descansar en la mitad de la mente de alguien, tan sólo mirar y no tener la necesidad de mayores explicaciones.
tiempo de..
Conforme pasan los días (conforme todo se detiene, se perturba y embellece), voy cobrando frescura.
Como una cebolla, pero al revés.
Como una cebolla, pero al revés.
sábado, 8 de noviembre de 2008
caminando
Hoy, como nunca, sali de la oficina a almorzar y no tenia que demonios hacer. Nada. El libro de mi cartera lo habia terminado de leer por la mañana, decidi caminar, y solo caminar. Pase por el Puente Villena, y me imagine como me suicidaria. Definitivamte me tiraría de lo más alto que pueda una avioneta sin paracaídas. Suena ligero pero podria dar una lista de 100 razones perfectamente válidas. Otro día sera. Llegue a barranco con sus parques y sus especímenes. Después, más allá, me detuve a observar la carretilla de un heladero. Le compré un chocolate princesa. Mientras me la comía y cruzaba las calles cada vez más lejos de la oficina, tuve la certeza de una excepción: en todo manjar simple de la niñez encuentro una dicha que no es presente, sino pasada.
Ella lo hizo todo, y más.
Me fui quedando poco a poco sin nada. Primero sin dignidad, más tarde sin esperanza. Y fue delicioso.
Paralelamente crecía un humor en mí cuando moría mi alma. Era una mujer tranquila.
Viví seis años y al cabo de ellos me sentí la misma. No había pasado más que seis años. No era un logro y eso estaba bien.
En ocasiones hallaba mis bolsillos vacíos y en otras mis medias eran perfectas.
Eventualmente pensaba en una muerte bella, mucho más que en un hombre bello, o tan bello como ella. Mis zapatos se gastaban rápido; reconocía, como un esquimal azuzado, los múltiples tonos del asfalto. Era contenta.
En una tarde podía lanzar múltiples mentiras, pero una serie creciente de 20 o 30 noches cambiaron todo. Y cuando todo llegó, yo estaba brillante y educada.
Paralelamente crecía un humor en mí cuando moría mi alma. Era una mujer tranquila.
Viví seis años y al cabo de ellos me sentí la misma. No había pasado más que seis años. No era un logro y eso estaba bien.
En ocasiones hallaba mis bolsillos vacíos y en otras mis medias eran perfectas.
Eventualmente pensaba en una muerte bella, mucho más que en un hombre bello, o tan bello como ella. Mis zapatos se gastaban rápido; reconocía, como un esquimal azuzado, los múltiples tonos del asfalto. Era contenta.
En una tarde podía lanzar múltiples mentiras, pero una serie creciente de 20 o 30 noches cambiaron todo. Y cuando todo llegó, yo estaba brillante y educada.
Se ha añadido su imagen.
Aviones nocturnos
La biblia es el libro más largo del mundo, me había dicho Nicole. Y yo me cagué de risa en su cara. Nicole es creyente y sobre todo cándida. Luego le di algunos ejemplos especialmente exagerados. Los miserables, le dije. Los hermanos Karamazov, le dije.
Me ha parecido que solemos guardar dentro de nosotros pequeñas imágenes fundamentales que no cuestionamos. O bien por miedo o porque son en apariencia tan intrascendentes, no las tocamos. Esporádicamente surgen y nos hacen quedar en ridículo, porque son tiernas e ingenuas. Otras veces nos hacen sufrir terriblemente.
Estábamos en cuarto de media, en clase de geografía, cuando hablábamos de aeropuertos. En cierta circunstancia, no recuerdo el detalle, surgió el tema de un vuelo nocturno. Claudia dijo: ¿Pero cómo, si los aviones no vuelan de noche… cómo harían para ver? Claudia es tonta, pero no tanto.
Son afirmaciones, fragmentos, nociones que hemos adoptado y asimilado, probablemente de muy niños, en esa época en que contemplábamos el mundo con los ojos abiertos y completamente huevones. Desde entonces vivimos con ellas. Subsisten y permanecen latentes hasta alcanzar el momento fatal de meternos cabe, sea para que otros se rían de nosotros o para sabotear nuestra sobria elegancia. Porque más allá de mis ejemplos totalmente triviales, no siempre es algo superficial, dulce, risible, a veces son parámetros que afectan duramente nuestras formas y sentimientos. Como siempre, la distancia entre lo ligero y lo desgarrador no es más que aparente.
Yo he vivido años o meses, días enteros en desasosiego, pensando que sólo podía ser de algún modo, que debía sentir de algún modo (y no de otro), estando segura de que estaba hecha de una manera específica, y quizás solamente porque en algún momento, cuando más frágil fui, aquello se incrustó en mi. Luego descubrí nuevas libertades al ver expuestas, como servilletas limpias volándose de una mesa en el viento, todas mis suposiciones. Descubrí que podía reír de otro modo, mirar y hablar de otro modo; hasta descubrí que podía querer de otro modo, más risueño, más hondo, contemplativo y silencioso.
Podemos trascender nuestras historias, o combinar muchas, mutarlas, perturbarlas y también olvidarlas. Idealmente, una vida debiera ser la suma de todas sus historias posibles. Y en la realidad yo trato de que la mía al menos sea la mezcla desordenada y bella de muchas.
Lo único divertido de esta observación es que esta deliciosa o peligrosa encarnación de la cojudez puede atrapar a cualquiera. Hace unas horas hablábamos yo y Álvaro, cuyo hermano es fotógrafo, de un trabajo que tuvo su hermano. Estuvo en un asentamiento humano y mientras cagaba en una letrina de esteras, le robaron la cámara, los lentes y la billetera. Yo le dije: ¿Qué?, pero si a los periodistas no les roban.
Álvaro se quedó mirándome, confundido.
Me ha parecido que solemos guardar dentro de nosotros pequeñas imágenes fundamentales que no cuestionamos. O bien por miedo o porque son en apariencia tan intrascendentes, no las tocamos. Esporádicamente surgen y nos hacen quedar en ridículo, porque son tiernas e ingenuas. Otras veces nos hacen sufrir terriblemente.
Estábamos en cuarto de media, en clase de geografía, cuando hablábamos de aeropuertos. En cierta circunstancia, no recuerdo el detalle, surgió el tema de un vuelo nocturno. Claudia dijo: ¿Pero cómo, si los aviones no vuelan de noche… cómo harían para ver? Claudia es tonta, pero no tanto.
Son afirmaciones, fragmentos, nociones que hemos adoptado y asimilado, probablemente de muy niños, en esa época en que contemplábamos el mundo con los ojos abiertos y completamente huevones. Desde entonces vivimos con ellas. Subsisten y permanecen latentes hasta alcanzar el momento fatal de meternos cabe, sea para que otros se rían de nosotros o para sabotear nuestra sobria elegancia. Porque más allá de mis ejemplos totalmente triviales, no siempre es algo superficial, dulce, risible, a veces son parámetros que afectan duramente nuestras formas y sentimientos. Como siempre, la distancia entre lo ligero y lo desgarrador no es más que aparente.
Yo he vivido años o meses, días enteros en desasosiego, pensando que sólo podía ser de algún modo, que debía sentir de algún modo (y no de otro), estando segura de que estaba hecha de una manera específica, y quizás solamente porque en algún momento, cuando más frágil fui, aquello se incrustó en mi. Luego descubrí nuevas libertades al ver expuestas, como servilletas limpias volándose de una mesa en el viento, todas mis suposiciones. Descubrí que podía reír de otro modo, mirar y hablar de otro modo; hasta descubrí que podía querer de otro modo, más risueño, más hondo, contemplativo y silencioso.
Podemos trascender nuestras historias, o combinar muchas, mutarlas, perturbarlas y también olvidarlas. Idealmente, una vida debiera ser la suma de todas sus historias posibles. Y en la realidad yo trato de que la mía al menos sea la mezcla desordenada y bella de muchas.
Lo único divertido de esta observación es que esta deliciosa o peligrosa encarnación de la cojudez puede atrapar a cualquiera. Hace unas horas hablábamos yo y Álvaro, cuyo hermano es fotógrafo, de un trabajo que tuvo su hermano. Estuvo en un asentamiento humano y mientras cagaba en una letrina de esteras, le robaron la cámara, los lentes y la billetera. Yo le dije: ¿Qué?, pero si a los periodistas no les roban.
Álvaro se quedó mirándome, confundido.
miércoles, 20 de agosto de 2008
por ahí...
Hoy caminaba (perpendicular) hacia mi casa. Cruzando la vereda, apareció un hombre espigado (siempre quise escribir espigado, suena como bien). junto a él, van, un labrador y uno de esos perros pequeños cuyo nombre nunca sé. Llegaron a la pista, el hombre extendió la mano izquierda, abriendo la palma y girando la muñeca sobre el eje del brazo: la señal de alto.
Ambos perros se detuvieron y no osaron moverse un centímetro hasta que pasó el auto y el hombre terminó la señal. Continuaron, con serenidad increíble y perfecta coordinación.
Odio los perros entrenados.
Lo ideal sería un perro imbécil. Uno que se cague esporádicamente. Lo suficiente cándido para que exista el riesgo que muera atropellado.
Ni hablar
Quizás, la mayor ironía de todas sea que los dos huachimanes que se turnan el cuidado de esta - mi calle - se llamen Angel y Jesús.
Así Pasa
Hay epocas en las que me JODO. todo se vuelve como cuadrado. Entonces, analizo. nunca consistente ni elabordamente. Y en la noche usualmente me embriago.
Antes y después de caminar
Esta madrugada, antes de salir por una incakola-en-botella-de-vidrio al grifo, tenía dos cosas en la cabeza.
1. ¿Por qué no saldrá el sublime galleta de chocolate blanco?
2. De haber sido hija de mi madre, sin mi padre, no estaria caminando al grifo, en cambio previando en el Club Nacional.
Después de caminar he descubierto:
1. Que no funciona comprar un sublime blanco, comprar también galletas de vainilla y tratar de hundirlas en el chocolate.
2. Que en una calle que desemboca en un parque, a unas 15 cuadras de mi casa, en una ventana amplia, desde un segundo piso, una vieja apoyada en su andador, flaca y atónita, observa hipnotizada un punto detenido en la calle vacía y no se conmueve al verte pasar.
1. ¿Por qué no saldrá el sublime galleta de chocolate blanco?
2. De haber sido hija de mi madre, sin mi padre, no estaria caminando al grifo, en cambio previando en el Club Nacional.
Después de caminar he descubierto:
1. Que no funciona comprar un sublime blanco, comprar también galletas de vainilla y tratar de hundirlas en el chocolate.
2. Que en una calle que desemboca en un parque, a unas 15 cuadras de mi casa, en una ventana amplia, desde un segundo piso, una vieja apoyada en su andador, flaca y atónita, observa hipnotizada un punto detenido en la calle vacía y no se conmueve al verte pasar.
En la mesa
Mi tío Aldo:
Robusto, a mi izquierda, con asma de tabaco, come ala velocidad del rayo y resopla después de cada ataque sobre su plato. Ocasionalmente, se abalanza afanoso sobre el guiso. Luego suda profusamente. y mas tarde, cuando toma el café, todavía suda.
Tengo un dolor, dice, desde hace algunos días, un dolor punzante acá, y se coge el abdomen del lado izquierdo, a la altura de la cintura y en forma de señal.
El nonno:
Bonachón, desde la cabecera de la mesa lo oye, la piensa y da un sorbo mas al café. Nos mira, con su guayabera y su cabezota, pestañea y dice:
Yo creo que tienes un ligero cáncer al colon.
Estalla su risa.
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