miércoles, 20 de agosto de 2008

por ahí...

Hoy caminaba (perpendicular) hacia mi casa. Cruzando la vereda, apareció un hombre espigado (siempre quise escribir espigado, suena como bien). junto a él, van, un labrador y uno de esos perros pequeños cuyo nombre nunca sé. Llegaron a la pista, el hombre extendió la mano izquierda, abriendo la palma y girando la muñeca sobre el eje del brazo: la señal de alto.
Ambos perros se detuvieron y no osaron moverse un centímetro hasta que pasó el auto y el hombre terminó la señal. Continuaron, con serenidad increíble y perfecta coordinación.

Odio los perros entrenados.

Lo ideal sería un perro imbécil. Uno que se cague esporádicamente. Lo suficiente cándido para que exista el riesgo que muera atropellado.


1 comentario:

Anónimo dijo...

a propósito, una vez tuve un perro que se llamaba eleodoro pero le decíamos lolo.

Bastante candido y nada entrenado. Sin embargo nunca le dije imbecil. Sólo "hijo de perra" valga la redundancia.