Hoy caminaba (perpendicular) hacia mi casa. Cruzando la vereda, apareció un hombre espigado (siempre quise escribir
espigado, suena como bien). junto a él, van, un labrador y uno de esos perros pequeños cuyo nombre nunca sé. Llegaron a la pista, el hombre extendió la mano izquierda, abriendo la palma y girando la muñeca sobre el eje del brazo: la señal de alto.
Ambos perros se detuvieron y no osaron moverse un centímetro hasta que pasó el auto y el hombre terminó la señal. Continuaron, con serenidad increíble y perfecta coordinación.
Odio los perros entrenados.
Lo ideal sería un perro imbécil. Uno que se cague esporádicamente. Lo suficiente cándido para que exista el riesgo que muera atropellado.
1 comentario:
a propósito, una vez tuve un perro que se llamaba eleodoro pero le decíamos lolo.
Bastante candido y nada entrenado. Sin embargo nunca le dije imbecil. Sólo "hijo de perra" valga la redundancia.
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