No voy a ver lo que hago mientras lo hago, por minuciosa que sea, y no voy a sentir el curso que siento cuando lo siento. Y si de este modo logro extraviar algo de esto, pues será mejor.
Quiero aligerar mi mochila. Quiero construir una alameda transitada por mariposas perfumadas. Veo en mis manos como dos manos inmensas y quisiera ser aquello constante, aquello que no se pierde por lo menos algunos meses.
Salir en las mañanas a correr por las calles que más me gusten. Como un sudor agrio que limpie mis poros escurrirme y que unas zapatillas nuevas arrullen mis pies como si los hundiera en una gelatina tibia de color mermelada.
Esta noche los fuegos han cruzado mi línea mortal del equilibrio.
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