Esta madrugada, antes de salir por una incakola-en-botella-de-vidrio al grifo, tenía dos cosas en la cabeza.
1. ¿Por qué no saldrá el sublime galleta de chocolate blanco?
2. De haber sido hija de mi madre, sin mi padre, no estaria caminando al grifo, en cambio previando en el Club Nacional.
Después de caminar he descubierto:
1. Que no funciona comprar un sublime blanco, comprar también galletas de vainilla y tratar de hundirlas en el chocolate.
2. Que en una calle que desemboca en un parque, a unas 15 cuadras de mi casa, en una ventana amplia, desde un segundo piso, una vieja apoyada en su andador, flaca y atónita, observa hipnotizada un punto detenido en la calle vacía y no se conmueve al verte pasar.