miércoles, 20 de agosto de 2008

por ahí...

Hoy caminaba (perpendicular) hacia mi casa. Cruzando la vereda, apareció un hombre espigado (siempre quise escribir espigado, suena como bien). junto a él, van, un labrador y uno de esos perros pequeños cuyo nombre nunca sé. Llegaron a la pista, el hombre extendió la mano izquierda, abriendo la palma y girando la muñeca sobre el eje del brazo: la señal de alto.
Ambos perros se detuvieron y no osaron moverse un centímetro hasta que pasó el auto y el hombre terminó la señal. Continuaron, con serenidad increíble y perfecta coordinación.

Odio los perros entrenados.

Lo ideal sería un perro imbécil. Uno que se cague esporádicamente. Lo suficiente cándido para que exista el riesgo que muera atropellado.


Ni hablar

Quizás, la mayor ironía de todas sea que los dos huachimanes que se turnan el cuidado de esta - mi calle -  se llamen Angel y Jesús.

Así Pasa

Hay epocas en las que me JODO. todo se vuelve como cuadrado. Entonces, analizo. nunca consistente ni elabordamente. Y en la noche usualmente me embriago.

Antes y después de caminar

Esta madrugada, antes de salir por una incakola-en-botella-de-vidrio al grifo, tenía dos cosas en la cabeza.

1. ¿Por qué no saldrá el sublime galleta de chocolate blanco?

2. De haber sido hija de mi madre, sin mi padre, no estaria caminando al grifo, en cambio previando en el Club Nacional.


Después de caminar he descubierto:
1. Que no funciona comprar un sublime blanco, comprar también galletas de vainilla y tratar de hundirlas en el chocolate.

2. Que en una calle que desemboca en un parque, a unas 15 cuadras de mi casa, en una ventana amplia, desde un segundo piso, una vieja apoyada en su andador, flaca y atónita, observa hipnotizada un punto detenido en la calle vacía y no se conmueve al verte pasar.

En la mesa

Mi tío Aldo:
Robusto, a mi izquierda, con asma de tabaco, come ala velocidad del rayo y resopla después de cada ataque sobre su plato. Ocasionalmente, se abalanza afanoso sobre el guiso. Luego suda profusamente. y mas tarde, cuando toma el café, todavía suda.

Tengo un dolor, dice, desde hace algunos días, un dolor punzante acá, y se coge el abdomen del lado izquierdo, a la altura de la cintura y en forma de señal.


El nonno:
Bonachón, desde la cabecera de la mesa lo oye, la piensa y da un sorbo mas al café. Nos mira, con su guayabera y su cabezota, pestañea y dice:

Yo creo que tienes un ligero cáncer al colon.

Estalla su risa.