jueves, 9 de julio de 2009
viernes, 12 de junio de 2009
tengo razones
Hoy, por primera vez, desde que nos dieron LA NOTICIA he podido cerrar los ojos sin esa sensación de angustia que tantos días lleva en mi pecho. Me caen lagrimas y tengo una tristicia espantosa, de esas que matan el alma, sin embargo mis labios sonríen. Pues si pasa aquello que tanto temo, aquello que me quita el aliento todas la mañanas, se que siempre estarás conmigo. No en mi alma ni en mi corazón, como muchos idiotas creen saber decirme en días como estos, sino en mi piel. Y es que son tan ciegos todos, que nadie entiende que tengo la dicha de llevarte tatuada en mi cuerpo. Tus ojos, tu sonrisa, tu pelo, son mios para la eternidad. cada vez que te necesite, bastará con mirarme. Te tengo entera en mi. Y ojalá que este cuerpo tuyp que me has permitido imitar me enseñe a amar como solo tu sabes: recelosa y desmesuradamente. como sólo tu, madre, puedes.
Le château de ma mère
Ella está mutando.
Sus células, involucionando.
Su cuerpo la traiciona,
y por eso tal vez, ella, nos abandone.
Ojalá todo esto no sea más que un terrible sueño.
Sus células, involucionando.
Su cuerpo la traiciona,
y por eso tal vez, ella, nos abandone.
Ojalá todo esto no sea más que un terrible sueño.
lunes, 2 de febrero de 2009
Tú.
Porque voy sola, puedo ir muchísimo más rápido; pensaba yo, idiota.
Pero llegó el día en que te asomaste. Tú.
Tú y todo lo demás y por eso mismo tú y nadie más. Envueltas en este mar y la electricidad que electrocuta a las mujeres como tú y ninguna más, viven tus extrañas bifurcaciones. Tú.
Superada tienes ya, la timidez. Hablas claro y miras a los ojos, pero no has perdido todas las señas. Sabes amar como nadie. Y así como solo tu puedes, me enloqueces completa. Tú.
De alguna manera telepática quisiera devorarte entera. Tu cabeza, tus tobillos y tus hombros, como si fueran galletas de coco y avena. Quisiera siempre despertarme enredada en tus piernas, en tus dedos, en tu aroma, en tus pecas. Mancharme entera de ti. Tú.
De algún modo he logrado convencerte de tenerte muy cerca. Aquí. Donde puedo oler tus axilas suaves, explorar tus ingles bronceadas y tocar tus pezones tiernos. Donde puedo besar con besos pequeños y dulces los lados de tu boca triste que es una luna curva y voluptuosa vuelta hacia abajo. Tú.
Tú y todo lo demás y por eso mismo tú y nadie más.
Pero llegó el día en que te asomaste. Tú.
Tú y todo lo demás y por eso mismo tú y nadie más. Envueltas en este mar y la electricidad que electrocuta a las mujeres como tú y ninguna más, viven tus extrañas bifurcaciones. Tú.
Superada tienes ya, la timidez. Hablas claro y miras a los ojos, pero no has perdido todas las señas. Sabes amar como nadie. Y así como solo tu puedes, me enloqueces completa. Tú.
De alguna manera telepática quisiera devorarte entera. Tu cabeza, tus tobillos y tus hombros, como si fueran galletas de coco y avena. Quisiera siempre despertarme enredada en tus piernas, en tus dedos, en tu aroma, en tus pecas. Mancharme entera de ti. Tú.
De algún modo he logrado convencerte de tenerte muy cerca. Aquí. Donde puedo oler tus axilas suaves, explorar tus ingles bronceadas y tocar tus pezones tiernos. Donde puedo besar con besos pequeños y dulces los lados de tu boca triste que es una luna curva y voluptuosa vuelta hacia abajo. Tú.
Tú y todo lo demás y por eso mismo tú y nadie más.
Hace tiempo que nunca
No voy a ver lo que hago mientras lo hago, por minuciosa que sea, y no voy a sentir el curso que siento cuando lo siento. Y si de este modo logro extraviar algo de esto, pues será mejor.
Quiero aligerar mi mochila. Quiero construir una alameda transitada por mariposas perfumadas. Veo en mis manos como dos manos inmensas y quisiera ser aquello constante, aquello que no se pierde por lo menos algunos meses.
Salir en las mañanas a correr por las calles que más me gusten. Como un sudor agrio que limpie mis poros escurrirme y que unas zapatillas nuevas arrullen mis pies como si los hundiera en una gelatina tibia de color mermelada.
Esta noche los fuegos han cruzado mi línea mortal del equilibrio.
Quiero aligerar mi mochila. Quiero construir una alameda transitada por mariposas perfumadas. Veo en mis manos como dos manos inmensas y quisiera ser aquello constante, aquello que no se pierde por lo menos algunos meses.
Salir en las mañanas a correr por las calles que más me gusten. Como un sudor agrio que limpie mis poros escurrirme y que unas zapatillas nuevas arrullen mis pies como si los hundiera en una gelatina tibia de color mermelada.
Esta noche los fuegos han cruzado mi línea mortal del equilibrio.
lunes, 22 de diciembre de 2008
El mundo es abierto. La belleza es abierta. El ritmo es abierto. La noche es abierta.
Este es un diciembre como ningun otro porque no estoy sola, porque hace sol y porque ando y ando, ando y giro al ritmo de mis pasos por la ciudad, me enrollo, me embrollo y vuelvo inevitablemente a casa, en ocasiones sin recordar cómo.
Hoy te extraño como un drogo a la cocaína. Así son los placeres desconocidos, cadenciosos e inasibles, y ese es el límite de mi esperanza. Y de pronto la palabra dopamine hace eco en mi cerebro. Sonrío. Te recuerdo. El día me parece sosegado y hasta contento cuando miro otra vez el mar, cuando levanto la mirada después de ver mis pies, mis sandalias viejas y miro la playa donde se asolea un perro y el mar donde se baña un gordo pomposo y velando todo eso, identifico entre mi balcón y ellos una glorieta anacrónica y huachafa sentada sobre el malecón roído.
Visito hoy la casa de unos primos después de muchos años. Me he puesto un chaleco demasiado pequeño, un pantalón demasiado estrecho. NO puedo disimularlo, he engordado, pero mi ego es tan grande que he ingresado orgullosa por su puerta (que es la misma de siempre, literalmente la misma puerta para entrar al mismo lugar). La casa es de madera y antigua y muy alta y está muy cerca del mar. Huele a musgo y está iluminada con tristeza. Después del postre me he escabullido al segundo piso. Camino entre los cuartos, conectados como si fueran un queso por aberturas que parecen poros o burbujas y que guardan dentro de ellas hálitos de niñez ajena.
Mi tío fue contador hasta que se retiró y pasó a ser una estatua. Mantiene su escritorio. Entro en él y están arrumados los papeles viejos, al lado su máquina de escribir, un manual didáctico sobre el sistema nacional de pensiones y una calculadora que es más ábaco que calculadora. Me he sentado y he recogido uno de sus lápices y lo he tajado completamente, hasta quedar solo con el metal en la mano. Giro la manivela del tajador atornillado a la mesa y el giro y la madera hecha viruta me complacen. Después reviso sus cajones. Entre sus papales hallo lo más insólito: un Nintendo DS color Barbie. Lo enciendo, el juego puesto es Castlevania. Juego por una hora y por esa hora lo olvido todo.
De pronto me llama mi tía desde el primer piso. Reacciono, guardo el aparato, ordeno todo.
Mientras bajo las escaleras, el llamado de mi tia toma forma de despertador. De pronto las gradas se tornan en sabanas, y su voz en una alarma frustrada que me arrulla en vez de despertarme. Y pienso que en un momento que no supe reconocer, muchos años atrás, dejé de jugar con juegos para empezar a jugar con mi vida.
Hoy te extraño como un drogo a la cocaína. Así son los placeres desconocidos, cadenciosos e inasibles, y ese es el límite de mi esperanza. Y de pronto la palabra dopamine hace eco en mi cerebro. Sonrío. Te recuerdo. El día me parece sosegado y hasta contento cuando miro otra vez el mar, cuando levanto la mirada después de ver mis pies, mis sandalias viejas y miro la playa donde se asolea un perro y el mar donde se baña un gordo pomposo y velando todo eso, identifico entre mi balcón y ellos una glorieta anacrónica y huachafa sentada sobre el malecón roído.
Visito hoy la casa de unos primos después de muchos años. Me he puesto un chaleco demasiado pequeño, un pantalón demasiado estrecho. NO puedo disimularlo, he engordado, pero mi ego es tan grande que he ingresado orgullosa por su puerta (que es la misma de siempre, literalmente la misma puerta para entrar al mismo lugar). La casa es de madera y antigua y muy alta y está muy cerca del mar. Huele a musgo y está iluminada con tristeza. Después del postre me he escabullido al segundo piso. Camino entre los cuartos, conectados como si fueran un queso por aberturas que parecen poros o burbujas y que guardan dentro de ellas hálitos de niñez ajena.
Mi tío fue contador hasta que se retiró y pasó a ser una estatua. Mantiene su escritorio. Entro en él y están arrumados los papeles viejos, al lado su máquina de escribir, un manual didáctico sobre el sistema nacional de pensiones y una calculadora que es más ábaco que calculadora. Me he sentado y he recogido uno de sus lápices y lo he tajado completamente, hasta quedar solo con el metal en la mano. Giro la manivela del tajador atornillado a la mesa y el giro y la madera hecha viruta me complacen. Después reviso sus cajones. Entre sus papales hallo lo más insólito: un Nintendo DS color Barbie. Lo enciendo, el juego puesto es Castlevania. Juego por una hora y por esa hora lo olvido todo.
De pronto me llama mi tía desde el primer piso. Reacciono, guardo el aparato, ordeno todo.
Mientras bajo las escaleras, el llamado de mi tia toma forma de despertador. De pronto las gradas se tornan en sabanas, y su voz en una alarma frustrada que me arrulla en vez de despertarme. Y pienso que en un momento que no supe reconocer, muchos años atrás, dejé de jugar con juegos para empezar a jugar con mi vida.
jueves, 18 de diciembre de 2008
negro night
Se sienta en frente mío y es extraña, pero deliciosa. Sus manos no son perfectas, pero su mirada sí. Desde unos hombros precisamente deportistas, como un arco terso y fino y severo, cubierto de esta piel asoleada, hasta su poto tímido pero valiente, toda su espalda yo quiero. Y su pelo marron de raíces castañas ondulándose sobre sus orejas y su silueta dúctil y un perfume cuando pasa junto a mí en la penumbra de ese bar y el perfil de su nariz y sus labios amplios y ese giro para voltearse a preguntarme algo, con su acento medio idiota, me enamoran. Y no puedo pensar otra cosa, que la técnica más sutil para engañarla.
Hoy en la noche solo pensaré en como seducirte.
Hoy en la noche solo pensaré en como seducirte.
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